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Identidad y Ciudadanía

Identidad y Ciudadanía

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A través de un primer acercamiento, el presente escrito busca reflexionar en torno al concepto de ciudadanía en el marco de la construcción de identidad de los colombianos en relación con sus instituciones y sus conciudadanos. Es inevitable y necesaria la discusión en los ejercicios propios de la actividad estatal, pues el sentido del Estado colombiano, en sus principios fundacionales, es el servicio público, frente al cual, cada ciudadano y cada servidor público debe propender por la consolidación de un proyecto nacional y el afianzamiento de las instituciones.

Un sujeto no logra determinar su identidad como ciudadano si no parte de una clara diferenciación con otro ciudadano, de un Estado distinto. En ese sentido, si entendemos la ciudadanía como un significante que se define por ser lo que otros significantes no son , es decir, por su múltiple relación con los demás significantes de la estructura del lenguaje a partir de su diferencia, sabemos que, ciudadanía es un significante con estrecha relación con otro significante que es el Estado, en tanto que establecen una relación. Sin Estado no hay ciudadano y sin ciudadano no hay Estado.



Para nuestros fines explicativos, y distinguiendo el significado y el significante y sus respectivos lugares en la estructura del lenguaje, debemos hablar del significante “ciudadano” suponiendo otro con un significado diferente, en ese caso, el otro significante puede ser “ciudadano” , es decir, un significante que parece idéntico en un primer momento pero que será aquello que el primero no es porque el último guarda una relación con otro Estado diferente que determina su naturaleza. Es por lo anterior que un francés entiende su ciudadanía con un significado diferente a como la puede entender un inglés o un colombiano, sin importar que ambos se refieran a ella con un significante aparentemente idéntico aunque en algunos casos difiere la forma del signo lingüístico y la propia imagen acústica.



Si bien el mandato liberal que intenta determinar nuestra época, busca implantar valores y principios en torno a la idea de una ciudadanía global, es decir, no articulada a Estados, más bien, articulada a valores que se suponen como inherentemente humanos y universales -como la libertad-, el hombre requiere puntos de anclaje que le son necesarios por su misma estructura. El psicoanálisis trabajó en torno a la idea de que la decadencia de las religiones multiplicó las grandes neurosis en el mundo, de forma que los síntomas del neurótico intentaban hacer frente con la falta que ahora representaba la caída de su sustento moral, la religión. No en vano Freud trato las neurosis como “religiones privadas”.



Hoy el sujeto se enfrenta con algo similar a la muerte de dios, y que tal vez es producto de ella, la perdida profunda de legitimidad de los Estados. Si bien existe la noción de ser ciudadano, ésta ya no tiene necesariamente un punto de anclaje a partir de la existencia de un Estado que le es propio. El Estado no representa un lugar de identificación porque en el discurso ya no existe la diferencia entre un ciudadano colombiano y uno francés, aunque en la cotidianidad nos estrellemos constantemente con claras rupturas y puntos de desencuentro. La necesidad de diferencia no es nueva en el estudio de lo político o el Estado, ya Schmitt señalaba la existencia de un grado máximo de intensidad de la unión o separación que configura la identidad.



Lo anterior no quiere decir que los Estados deben cerrarse a lo exterior o negar procesos de globalización, lo que se debe fortalecer en el núcleo mismo de la sociedad y lo político, son los procesos indentitarios que solo se dan a través de la relación constante de diálogo que permite la unidad política, entendida como la voluntad de un pueblo en su conjunto que se diferencia de forma clara, tanto en su origen como finalidad, de las demás agrupaciones en Estados diferentes. Para el caso Colombiano, la dificultad es histórica, pues la construcción de ciudadanía se ha visto frustrada por la imposibilidad de configurar una unidad política. Un Estado inmaduro y débil, una carencia de filosofía propia nacional, partidos políticos corruptos, dificultades geográficas y el conflicto armado, han generado lógicas de identificación y diferenciación internas a costa de olvidar enmarcar las externas que configurarían nuestra voluntad nacional. Es decir, es más fácil que un colombiano sienta una diferencia con otro colombiano que con un alemán o un argentino. Es por ello que la primera fuente de identificación de un colombiano son las diferencias internas con sus nacionales, el primer ejemplo claro es el regionalismo, es más sencillo ser rolo, costeño o paisa que ser colombiano, pues al decir “Soy colombiano” difícilmente logramos identificar puntos de anclaje a partir de los cuales configurar nuestra unidad política.



Lo anterior no señala en ningún sentido la necesidad de eliminar las diferencias, todo lo contrario, la diferencia es fuente de identidad y relación. Lo que se requiere es la unidad política necesaria para pensarnos en una categoría superior que nos agrupe y nos permita trabajar por una voluntad común, una voluntad nacional. Solo de esa forma “ser colombiano” será motivo de orgullo y trabajo, no de incertidumbre.



Realizado por: Manuel Fernández Ochoa

Grupo de Análisis y Políticas para la Democratización

Dirección de Participación, Transparencia y Servicio al Ciudadano

2016


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